Nos sentimos muy felices y agradecidos de Dios por permitirnos conocer, alcanzar y animar en República Dominicana a gente humilde materialmente y a la vez rica en el amor de Dios, con esa misma gente maravillosa con la que hemos compartido la vida del Reino en Estados Unidos, Ecuador, Puerto Rico, Guatemala y Haití.
El domingo antes pasado tuve a mi cargo la predicación de la Palabra en la Iglesia Fuente de Luz, de la pastora Altagracia Rosario (debe haber cierto parentesco relacionado con algún tátara, tátara abuelo o abuela, ¿verdad?), localizada en una de las barriadas de la parte oeste de Santo Domingo.
PATÉTICA DESIGUALDAD.- América Latina toda es conocida por ser una de las regiones más desiguales del mundo; es ahora cuando surge un despertar en Sudamérica con nuevos estadistas más conscientes y unidos y dispuestos a romper con esa realidad histórica. Tal desigualdad se refleja en todos los estratos de la sociedad, y la iglesia no es la excepción. Por un lado, vemos en las zonas llamadas de clase alta congregaciones con templos propios, modernos, con aire acondicionado, plantas eléctricas potentes y con grandes parqueos los cuales se llenan de vehículos. Muchas de estas iglesias cuentan con guardias y sistemas de seguridad. Por otro lado, en las iglesias de los barrios pobres sólo los ángeles de Dios acampan alrededor de sus templos; y bien ocupados por cierto, por la gran inseguridad que allí existe.
Las congregaciones de los barrios pobres no pueden reunirse comúnmente durante el día por el calor del ardiente sol, porque no cuentan con templos ni locales adecuados; ni pensar en aire acondicionado ni parqueos. Si cuentan con alguna planta eléctrica portátil su uso sale muy costoso por el elevado precio de la gasolina, porque Dominicana no es un país petrolero, lo cual hace necesario tener una “jumiadora”, como le llamaban los abuelos a las lámparas de querosene. ¿Y los abanicos? Bueno, sólo se usan cuando llega la luz eléctrica normal; si es que llega. Entonces ese es el excelente panorama para los mosquitos y los pies de las damas cristianas que comúnmente usan vestidos.
Salvo diferentes características, esta realidad no es sólo de República Dominicana sino en casi toda América Latina.¿Qué hacemos? Bueno, el Señor siempre nos ha enviado allí donde hay mayor necesidad, con quienes él estuvo y compartió; a quienes también sanó, libertó y les predicó. Allí nos sentimos bien, hemos de estar, y ya estamos, con los humildes, la gente de las iglesias de los barrios.
¡SIENTO QUE UN TIEMPO MEJOR ESTÁ POR VENIR! Así como dos mil años atrás la luz vino del cielo a un pequeño pueblito llamado Belén, y Dios fue glorificado por unos humildes pastores y otros tres magos incircuncisos del lejano Oriente que la pudieron ver, también hoy podemos ver la luz de Dios en el horizonte a través de la gente hermosa de los barrios humildes de esta primera ciudad de las Américas.